ALFONSE
https://www.mediafire.com/file/00r8yztrcpkvwja/Alfonse_Daudel.docx/file Esta es la historia de un pintor afortunado que hallo una joya ajena y se quedo con ella. "Alfonse Daudel. " Escrito por Alfredo Francisco Humberto Juillet Frascara. 2026 Junio. Personajes: Alfonse Daudel. Ricarte Zamudio, Alcalde. Juan Armando Cavieres, político. Joaquín, Capataz. Marina, ayudante de taller. Carpintero. Capitulo 1. Alfonse esperaba en la sala , junto con otros aplicantes para el trabajo de pintor: nadie tenía muy claro qué clase de obra quería el Alcalde implementar; si era algo clásico, o un simple afiche de propaganda, con flores, abejas y alguna niña corriendo por sobre el pasto mientras allá arriba brillaba un sol de oleo acrílico. A poco, se abrió la segunda puerta, y salió de allí una secretaria joven portando un tablero con algunas hojas sujetas con un prensador metálico, y dijo: "Alfonse Daudel?" "Aquí, señorita."- Respondió Alfonse, poniéndose de pie, y al hacerlo, se le cayeron algunas hojas al suelo- no había tenido tiempo de ponerles clips a los doce dibujos que traía, y al menos siete volaban hacia el suelo silenciosamente. La mujer le miro sin expresión, diciendo: "Pase a la oficina, por favor." "Gracias."- Dijo Alfonse, terminando de recoger aquellos papeles. Camino tratando de presentar una actitud decida , ante la mirada de los demás aplicantes, algunos de los cuales sonreían burlonamente ante la torpeza de Alfonse. Dentro de la siguiente sala, algo más pequeña pero con la calefacción mas fuerte, vio a dos personas sentadas ante un escritorio; el más viejo en el puesto de trabajo, y el más joven enfrente y a un lado; sobre el escritorio habían varias hojas y documentos engrapados. "Bien, señor, cuénteme de su experiencia en el arte pictórico."- Dijo el más viejo; en el escritorio había un trozo de plástico con un nombre: "Ricarte Zamudio", así es que Alfonse le adscribió ese nombre a ese funcionario, y dijo: "Don Ricarte, mi labor de pinturas comenzó hace 20 años, y he hecho más de mil cuadros de todo tipo y clase; puedo igualmente pintar una miniatura como un mural de 20 metros de largo; solo deme los materiales y lo hare." Ambos hombres se miraron, sonrientes, y el Sr. Zamudio dijo: "Me parece buena introducción; mil cuadros, dijo?" "Así es, Don Ricarte; partí a los quince años en el colegio, luego en el Instituto y luego en forma particular. He hecho algunas exposiciones en Municipalidades."- Afirmo Alfonse, aunque solo había expuesto informalmente. "A ver, páseme sus muestras de lo que hace."- Pidió Don Ricarte, y miraron esos dibujos con el hombre que le acompañaba, quien hizo gestos de hallarlos buenos, pero sin hablar. Devolvió esos ensayos el entrevistador, diciendo: " La secretaria llenara una hoja con sus datos; puede retirarse." "Gracias por su atención. Hasta luego."- Dijo Alfonse, haciendo una pequeña reverencia estilo alemán, y mirando por turno a los dos hombres; intuyo que no era totalmente aceptado, pero había una oportunidad, o no le pedirían datos. A la secretaria respondió el cuestionario, en que se detallaba su nombre, carnet de identidad, dirección de la calle en que vivía, y un numero de celular. La joven parecía totalmente abstraída de todo lo que no fuera su trabajo, así es que Alfonse se abstuvo de preguntarle datos sobre el trabajo. Cuando salía de la sala de espera, escucho que llamaban a otro aspirante al trabajo, y salió a la calle, casi convencido que no sería el elegido, aunque sin extinguir del todo la esperanza de obtener alguna labor dentro de la municipalidad. En la entrada de la Alcaldía aprovechó a volver a apretar los cordeles de sus zapatos, y así escuchó a unos empleados que pasaban, diciendo: "Viste al Juan Armando Cavieres? Dicen que se postulará a la presidencia." Como buen pintor, Alfonse no sabía nada de políticos, pero grabó ese nombre en su memoria, por si volvía a encontrarse con esos caballeros en la oficina que acababa de dejar atrás... Aprovechando que se hallaba en el centro de la ciudad, pasó a tomarse un café a un lugar en que se servía al paso; miró a las lindas mujeres atendedoras, quienes aunque no sonreían, alegraban la vista con su belleza física y cuidados modales. Al salir, pasó por una plaza en que otros pintores exhibían sus obras, y miró detenidamente algunos cuadros: no todos, ya que habían de los que se hacen en media hora, llenos de rayas y manchones que bien podía hacer un infante en clases de dibujo... A uno de ellos le dijo: "Hartos colores!" "Y de eso se trata, no? De colores!"- Repuso el pintor, quien pareció molestarse con ese comentario; Alfonse le halló la razón y siguió su camino, pensando en que poner todos los colores de la paleta en un mismo cuadro le hacía recordar a un plato de tallarines con salsa y pesto encima. Llegó a su pieza, en que no solo dormía, sino que también pintaba. Tenía una ventana enorme mirando hacia el norte, con lo cual el sol iluminaba fuertemente la habitación; estaba feliz allí, pues aunque era un arriendo caro, tenia opción de bañarse con agua caliente día por medio, y disfrutar de silencio y del aire perfumado a flores de Ceibo que le llegaba de la calle, y cuyas ramas y hojas se elevaban al menos por veinte metros de altura. Miró a lo lejos, viendo la torre Entel, que de noche se iluminaba y daba una calidez a la ciudad que difícilmente se hallaba en otra parte. Se fue a sentar ante el atril, para seguir pintando un paisaje de montes y bosques, que además tenia un arroyo en primer plano, que reflejaba el azul cielo en su superficie. Era un tema manido, repetido por miles de pintores- si es que no eran millones- pero que prodigaba un sentimiento de paz y armonía. Y no era raro: no habían personas en el cuadro. A los dos días le llaman por celular, y es la secretaria de Don Ricarte Zamudio, quien tras asegurarse quien había dicho que era, dijo: "Señor Alfonse, quedó seleccionado para el trabajo de pinturas. Es para carteles de propaganda a favor de Juan Armando Cavieres. El alcalde le da la dirección para que vaya a conocer su trabajo." Alfonse salió de allí y llega a una mansión moderna pero escasa en muebles. Algunos maestros arman tableros y un hombre rudo de nombre Joaquín le recibe, y tras saber qué venía a hacer, dice: "Ah, el pintor! Ya. Venga conmigo" Hay bosquejos sobre una mesa rústica, y le dicen: "De esto se trata: imite como pueda estos bosquejos, píntelos con muchos colores alegres, y va dejando los bastidores contra ese muro; luego le diré qué otra cosa hacer." "Necesito pinturas y bastidores. Brochas."- Pidió Alfonse, y el tipo puso cara agria, diciendo: "Pero, no es que lo contrataron para pintar? Debería traer de todo, amigo." "No es posible; soy pintor pero no millonario."- Replicó Alfonse, comenzando a perder la paciencia. "Iré a preguntarle al "encargado". Espere."- Dijo ese hombre, caminando fuera de la sala. Alfonse caminó por la pieza, viendo que no había mas que esa mesa, y miró los bocetos; se veían paisajes y también niños rodeando la figura de Juan Armando Cavieres, sonriente y bonachón. Para pintar al político habían más fotos que bosquejos. A Alfonse le pareció que esos dibujos hechos a carboncillo los había ejecutado una mujer, por la profusión de flores y pajarillos. Al cabo de cuarenta y cinco minutos, volvió el capataz y dijo: "Ya, autorizado. Hágame una lista de lo que quiere, y se lo traeré." Alfonse comenzó a escribir en su block de hojas, mientras ese capataz salía de allí diciendo algo entre dientes. Anotó todo lo que se le ocurrió para pintar al menos 30 letreros de propaganda, incluyendo listones y clavos, porque de seguro tendría que armar todo él mismo, y también la tela, que prefirió anotar que fuera de tela trenzada de plástico, a fin de no tener que imprimar grueso. Le dio la hoja al capataz , quien arqueó las cejas al ver la extensión de lo pedido, pero no dijo más que: "Vuelva el lunes. Me llevará tiempo, y es lo que no tengo." "Correcto, volveré el lunes." - Dijo Alfonse Daudel, sin darle tratamiento de jefe o capataz; tampoco sabía su nombre, así es que trato de sonsacar a algunos maestros de la construcción, pero ellos no le indicaron quien era ni nada al respecto, haciéndose los ignorantes. Alfonse se encogió de hombros y salió de la propiedad, admirando los jardines y los muros que sostenían la reja, que era gruesa, adornada y alta. Ese lunes Alfonse comienza a trabajar cortando listones, y de pronto llega Juan Armando, y le pregunta por qué esta de carpintero, y Alfonse le explica que tiene que empezar de cero ya que no tiene ayudantes. Armando frunce el ceño, diciendo: "Yo le mandaré un carpintero, para apurar la cuestión! Ud. Debe dedicarse solamente a pintar! El inicio de la temporada de propaganda es dentro de 20 días! Cree Ud. que podrá pintarme al menos diez lienzos?" "Claro que sí, Señor! Lo haré con acrílico, que seca rápido."- Afirmó Alfonse. De allí salió a visitar a un pariente, el cual estaba ocupado enseñando matemáticas, por lo que charló con la esposa de éste, quien tenía un brazo en cabestrillo, producto de un choque de automóviles, en el cual iba ella y su amante; aun sabiendo esto, su pariente seguía teniéndola a su lado; se dijo que de todo había en el mundo, y que él nunca seguiría con una mujer engañera... Como le sirvieron té y galletillas, perdió el tiempo allí hasta que murió la tarde, y se fue a su pieza, en donde se quedó dormido prontamente. A las 23.20 horas despertó, mirando hacia el reloj despertador de números luminosos, y se desperezó estirando los brazos; sintió que alguien pasaba por el pasillo, pero ese fue todo el ruido en horas. Pintó hasta las 02.00 horas, y retomó su sueño, aspirando con fruición el perfume del Ceibo. Al día siguiente llegó al taller a las 8.00 horas, y siguió cortando listones hasta las 9.00 horas, en que entró un hombre de unos sesenta años, con una caja con clavos, martillos y serruchos, diciendo: "Acá es donde está el pintor?" "Así es, caballero! Alfonse, para servirle."- Respondió Alfonse, pensando en que llegaba ayuda. "Ah, bien! Soy el carpintero, y vengo a hacer algunos bastidores. Sabe cuántos serán?" - Pregunto ese hombre, mirando el lote de listones ya cortados. "Los estoy cortando a metro veinte por dos metros veinte! Creo que es lo normal en estos lienzos de propaganda."- Dijo Alfonse, ya que había medido varios antes de comenzar a laborar, el día anterior. "Claro, lo que Ud. Diga. Veo que ya tiene algunos listos para encolar y clavarlos."- Dijo ese hombre, dejando su caja de clavos y ademases sobre la mesa. "Así es. Debo comenzar a pintar pronto, o la tarea quedara a medias."- Afirmo Alfonse, a lo cual el hombre carpintero respondió con un bufido impenetrable en su identificación de motivos. Pronto salía el primer bastidor, y Alfonse comenzó a clavar tela sobre ellos, para después imprimar y pintar. Miro al saco en el rincón, en que debía hallar pinturas y trementinas, pinceles y brochas... Se decidió a preparar tres bastidores y comenzar de allí, para mostrar si es que volvían los jefes, pero también para afinar la mano, ya que sus cuadros median sesenta por ochenta centímetros, y no 120 por 220 metros como ahora debía hacerlos... Al anochecer, el carpintero dijo, mostrando la hilera de bastidores contra el muro: "Llevo veintidós, pero van a faltar listones." "Ah, sí? Y cuantos le dijeron que debían ser?"- Se preocupó Alfonse. "Ciento veinte! Tiene harta pega, amigo."- Dijo el carpintero, y se retiró con su caja , ya liviana tras ocupar muchos clavos. Esta noticia le hizo sentar apoyado contra el muro, mirando en la quietud de la tarde, el montón de material por usar... debería pedirle más listones al poco simpático jefe de obras, y en eso entró al lugar nada menos que el postulante a Presidente, el Señor Juan Armando Cavieres, quien le vio y dijo: "Ah, cansado el amigo? Vengo a ver cómo va la cosa." "Por supuesto, señor! Ya hemos hecho 27 bastidores, pero ahora tengo que ponerles la tela y en eso estoy, pero ya es hora de irme."- Dijo Alfonse. "Claro, hay que descansar para empezar mañana temprano! Creo que pediré otro ayudante para Ud.; y pida si le falta material! Su labor es sólo pintar, no clavar telas! Ah, y la medida es de 140 por 220 centímetros." Alfonse sintió un retorcijón en el estomago, y dijo: "Lo estábamos haciendo de 120 por 220. Es que me fijé en otros de la competencia, y miden exactamente eso." Juan Armando le miró preocupado, pero luego distendió sus facciones, diciendo: "Ah, pero no importa! Lo que tenga ya cortado a 120, siga con ello, pero los demás que falten, a 140. Estamos?" "Como Ud. Diga, don Juan Armando. No habrá problema en eso." Dijo Alfonse, mirándole amistosamente. "Bien, y váyase a descansar!"- Se despidió el político, saliendo de allí a paso largo. Alfonse corto telas y comenzó a clavar, hasta que ya la oscuridad se lo impidió; de allí salió a la calle, necesitado de un buen baño, pero también de algo de comida, pues el estomago lo estaba delatando de que no había nada adentro, con sus ruidos gorgoteantes... En la calle compro un sándwich y una bebida a un kiosco, y se sentó cerca, a disfrutar su almuerzo-comida... Ya pronto un perro llego a moverle la cola, signo de querer ser alimentado, así es que Alfonse le tiro un cuarto de ese sándwich, diciendo: "Come! Y no te acostumbres!" Paseo por las avenidas iluminadas, viendo a los trabajadores, hombres y mujeres, agolparse en los paraderos de buses, tras un día de tareas. Las mujeres muy serias, y los hombres con rostros preocupados por el porvenir, que parecía estar dejándoles de lado en la batalla por la vida. Al día siguiente siguió armando bastidores con la tela, hasta que termino lo hecho por sí mismo y lo hecho por el carpintero, que no llego en todo ese día martes. Alfonse se dio una vuelta por el centro de la ciudad, viendo saltimbanquis, prostitutas y músicos callejeros hasta que dieron las 23.00 horas, en que se comió un "completo" y una bebida, para luego partir hacia su pieza arrendada. Allí aspiro el olor a los ceibos, y se durmió vestido, cansado de clavar y estirar telas sobre los bastidores. Despertó a las 7.20 horas, y tras darse una ducha helada (no tocaba caliente ese día) se fue al trabajo, viendo como la gente caminaba de prisa y muy abrigada, pues la temperatura había llegado a 3.00 Centígrados nada mas en esa frio mañana de otoño. En el taller nadie había llegado, y se pregunto si volvería ese carpintero; a las once de la mañana entro una mujer de mediana edad, con un guardapolvos plomo , diciendo: "Aquí trabaja el pintor?" "Así es, dama. Alfonse, para Ud."- Dijo éste, sonriente. Al menos la mujer no era gorda ni fea. "Que bien. Soy Marina, la que le viene a ayudar. Que quiere que yo haga?"- Pregunto ella, sonriendo levemente. "Estoy colocando la tela a los bastidores. Si quiere, podría cortar la tela a 160 por 240 centímetros; así vamos cortando y clavando rápido."- Dijo Alfonso, indicándole adonde estaba la tela, y el mesón en donde debería ir colocando la tela. Luego de ver que ella tomaba la huincha de medir, el plumón marcador y las tijeras, se fue a clavar tela en los bastidores que ya tenía listos. A mediodía ella dijo: "Debo ir a almorzar. Ud. No lo hace?" "Si, pero más rato. Vaya no mas."-Dijo Alfonse, quien poco y nada le había hablado, para no comenzar una familiaridad que solo entorpecería las labores, ya que muchas mujeres toman la confianza hasta el punto en que quieren hacer lo que se les da la gana. Poco después de que Marina hubiera salido, dejo el taller y se fue caminando hasta hallar un lugar de comida rápida, en donde pidió un trozo de pizza y una bebida; cuando termino de comer y pagar la cuenta, volvió al taller, en donde vio al carpintero cortando listones y armando bastidores. "Ah, volvió, maestro! Yo creí que no volvería mas por acá!"- Dijo Alfonse, colocándose el guardapolvos. El maestro le miro de reojo, diciendo: "Ah, es que adonde manda capitán no manda marinero! Estuve acarreando sacos todo el día de ayer, y hasta hace poco. Ordenes del capataz Marineti." "Lo siento. Debe ser dura esa pega"- Comentó Alfonse. "Como va a ser liviana? Pero así es la cosa, no me quejo, y me alegro de tener esta pega, o no tendría para comer ni yo ni los de la casa."- Afirmó el carpintero, de pronto olvidando su tirantez de trato inicial. Y no hay mejor cosa que sufrir para comprender al otro... Dos días, y ya Alfonse pintaba su primer cuadro, en un rincón de la sala y con la espalda a las luces, ya que la que llegaba de la puerta era totalmente insuficiente. Cuatro horas más, y ya cansado, Alfonse se retiró, dejando el resto para el día siguiente. En la plaza central de la ciudad, se quedo tomando una cerveza y un gran sándwich, pensando en cómo seguir comiendo con sólo un miserable billete restante de lo ganado hacia ya dos semanas: un cuadro vendido en un supermercado, por el cual le habían pagado lo que ganaba un obrero en un día de labores. Claro, el problema con eso era un hambre casi constante, y Alfonse le llamaba "la pulga del pintor", porque picaba cuando menos le esperaba... Decidió pedir dinero, y al día siguiente pidió hablar con el Alcalde, pero solo llego hasta su secretaria, quien le dijo que el Alcalde estaba subrogado por un tal "Jaime Esparza", el cual resulto que no quiso recibirle por mas que le espero dos horas sentado en un banco fuera de la sala de espera. Volvió al taller, y vio al carpintero comiendo porotos y lentejas con tallarines; además, el hombre tenía un pan a medio comer. Esto le hizo pintar el resto de su primera obra, la cual termino con reflejos azules. De allí salió con dos bastidores, los cuales consiguió vender en la misma plaza de antes, por lo que valía un sándwich, que consumió pausadamente, mientras veía comer a la clientela sin pensar en cuanto les iba a salir la cuenta ... Camino hasta una pinacoteca, y converso con la encargada, mirando cuadros y preguntando precios, para darse cuenta de que bien podían tener allí varios millones de pesos en obras pictóricas, pero que también las ventas eran pocas y a duras penas podían seguir en el negocio; la vendedora dijo: "La clientela que sabe de pinturas es poca; la mayoría quiere que combinen con la pintura o el papel del muro de sus casas; tampoco saben que el tamaño no importa. Creen que mientras de menor formato, valen menos." "Claro, ahora la gente está comprando posters y cuadros chinos que vienen con luces LED. "- Afirmo Alfonse, mirando y calculando cuales eran los más caros; obviamente también allí había mucho prejuicio: si el pintor se había hecho famoso y mejor aún, si estaba muerto, el valor era mayor. "Creo que hay un gran stock de cuadros, algunos muy buenos, de gente desconocida nacionalmente, para que decir en el exterior! Si un pintor se dedica al arte, puede pintar cientos de cuadros en un solo año! Imagínese cuantos cuadros habrían si todos los pintores se dedicaran realmente a su arte!"- Afirmo la mujer. "Así es! Menos mal que la mayoría no puede pintar mucho, porque no tienen el suficiente dinero para los materiales."- Opino Alfonse, pensando en su propio problema. La mujer intuyo que ya no iba a comprar nada, y con una sonrisa volvió a su pequeño escritorio, a mirar algunos papeles. Alfonse se retiro con un "Hasta luego!", y ya en la vereda, echó a caminar hacia su pieza. Al llegar, se recostó en la cama, pensando que diría al día siguiente, para obtener algo de dinero... A mediodía, con otro cuadro a medio terminar, llegó al atelier el político Juan Armando Cavieres, quien vio el cuadro terminado, y dijo: "Muy bien! Es lo que se necesita! Una obra de arte! Y veo que está terminando otra! Con una al día llegaremos con más de veinte obras terminadas!"- Alfonse le miró fijamente, por ver si se estaba burlando, y como no lo consiguió, dijo: "El carpintero dijo que serian 140 cuadros en total! Y llevo recién dos!" Juan Armando le tocó el brazo, diciendo: "No se preocupe! Haremos posters de esos 20 que producirá, y los repartiremos por todas las comunas del país! Aparecerán en la televisión en cada noticiario! Y estoy seguro que en los dos meses de pre elección, podrá terminar esos 140 cuadros! Terminarán todos en una gran subasta, para reunir fondos y terminar la campaña con una gran concentración política! Ya verá! Funcionará! Entusiasmará a todos!"- "Ah, es todo un plan! Me alegro. Pero , sabe, no tengo dinero; el venir acá y quedarme trabajando todo el día me impide ganar para comer; ya que acostumbraba a vender obras durante las tardes."- Dijo Alfonse. Juan Armando le dio una mirada conmiserativa y de preocupación, y dijo: "Mire, eso deberíamos haberlo hablado antes! Pero no se preocupe! Acá tiene una Gift Card, y puede cambiarla en cualquier Banco, o pagar con ella como si fueran billetes."- Alfonse la recibió, viendo que allí estaba impresa la cantidad de 400.000 pesos, y dijo: "Oh, caballero! Con esto pagare mis deudas y podre ordenar comidas a mi gusto!" Juan Armando le miro asombrado, diciendo: "Entonces, no es Ud. Casado?"- "No todavía! Es la cuestión monetaria, por supuesto. No tengo el corazón de tener a otra persona con problemas para obtener comida, como hasta ahora me había pasado."- Dijo Alfonse. "Bueno, ya solucionamos ese problema, y ahora hay que tener animo! Si gano la elección, de seguro tendré a todos los que me apoyaron en buena situación!"- Dijo Juan Armando, saliendo de la sala. Alfonse se sentó en el suelo, mirando esa tarjeta, y pensando en que se había ganado un premio gordo al aceptar ese trabajo! Seis días después, tenía ya siete cuadros pintados y los observaba, ya que los iba poniendo en fila contra uno de los muros, para que se secaran bien; prefería el oleo de aceite antes que el acrílico, pero este ultimo secaba en dos horas, y podía seguir pintando rápidamente, mientras que el de aceite demoraba al menos cuatro días, pero con propensión a quedar pastoso al tacto. Alfonse se dedico por entero a su trabajo y a los cinco días presento su labor a Don Juan Armando. Este admiró su obra y dijo: "Llamaré a mi mujer para que los vea. Ella estudió programación y dibujo publicitario. Aquí necesitamos a una persona especializada en Marketing." "Por supuesto, Don Juan.".- Respondió Alfonse, pensando en que ya era hora de que le pagaran el resto, ya que lo recibido se le había ido entre los dedos. "Bien, quédese por aquí mientras llega! Yo me iré a resolver unos asuntos y vuelvo."- Dijo Juan Armando Cavieres, saliendo del taller. El carpintero dijo: "Ojala no se le olvide pagarnos! O quizás estuve trabajando por el jornal corriente." "Al menos su plata está segura."- Respondió Alfonse, mirándole , y el carpintero agrego: "Se le guata el trabajo a la jefa, capaz que sigamos aquí." Como eran ya las 12.30 horas, pronto el carpintero se fue, llevándose sus herramientas consigo. A las 13.30 horas Alfonse salió a comer algo y al volver hallo a una persona, que había ordenado los cuadros en hilera contra los cuatro muros de la sala, y Alfonse silbo, admirado de su propia obra. La mujer se dio vuelta para mirar quien era, y se quedo quita ante Alfonse, sin decir palabra. Por su parte, Alfonse sufrió un estremecimiento, al ver que esa mujer era muy bella pero que en su mirada se notaba un espíritu muy bello, complejo, que era dificil de comprender aunque pasaran los segundos. "Quien es Ud., el pintor?"- Balbuceo muy quedo. "Si, y Ud. debe ser la esposa de don Juan ." Hablo Alfonse, acercándose y sintiendo como que se había acercado a un caldero hirviendo, y a la vez, a una gran mariposa amarilla. Los ojos de ella se agrandaban mirándole, y cuando parecía que no iba a hablar, dijo: "Cierto, soy la esposa y también laboro en Marketing. Tengo que decirle que me han impresionado sus cuadros. Creo que tiene el don." "Gracias, me alegro de que les gusten."- Dijo Alfonse, desviando su mirada a los cuadros. "Voy a elegir algunos para trabajar en ellos. Espero que Ud. También me ayude."- Pidió ella. "Entiendo, pero para que nos vayamos conociendo, mi nombre es Alfonse." "Ah, cierto! Y yo me llamo Carol Vicuña."- Dijo ella, y agrego: "Nos llevaremos tres cuadros , por ahora, y trabajaremos en otro lugar." 7. "Y cual prefiere llevarse primero?"- Pregunto Alfonse, mientras ella caminaba eligiendo. También adivinaba el buen físico de la mujer, que parecía flotar por sobre el suelo. "Este, ese... aquel. Oh, me los llevaría todos! Pero empecemos por estos tres."- Decidió Carol, tomando de a uno y colocándolos contra el muro. "Yo los llevare. Ud. Indíqueme el camino."- Pidió Alfonse, y la siguió hasta una camioneta Van, en donde dejo, uno a uno, esos cuadros . Se subió al lado de ella y dijo: "Nos vamos?" "Claro! Oh, esto es excitante!"- Dijo Carol, mirándole. Este sostuvo la mirada seriamente, y ella se sonrojo, encendiendo el motor y viajando hasta una residencia más modesta pero de calidad. Dentro, Alfonse hallo que, fuera del recibidor, las piezas solo tenían mesas de dibujante, lámpara y atriles. Carol coloco algunas cámaras de fotos en trípodes y mirando a Alfonse, dijo: "Coloque el primer cuadro frente a la cámara. Así empezare el análisis foto cromático y la profundidad de campo." "Y así comienza la magia."- Opino Alfonse. Ella rio suavemente y comenzó la sesión de fotos, usando filtros y cambios de Angulo. Luego pasaron al computador, para ir viendo lo captado y empezar a hacer las modificaciones. Cada cuadro tuvo su sesión, y a veces Alfonse hacia referencias y ella se reía o las alababa. De pronto, Carol Vicuña miro su reloj pulsera, diciendo: "Oh! Ya se me hizo tarde! Dejemos esto para mañana, si tiene deseos de seguir."- Y le miraba expectante. "No me lo perdería por nada en el mundo! Ayudarle, aunque sea modestamente, es un verdadero gusto."- Dijo Alfonse, y ella carraspeo, y dijo: " Creo que tengo tiempo para tomarnos un café." "Buena idea."- Dijo Alfonse, y la siguió a la cocina. Carol preparo todo y sacando algunas galletas, las puso sobre un plato y dijo: "Alfonse, ahora cuénteme de Ud., que hace, de donde viene, cosas así." "Le aseguro que oírla a Ud. Contarme de su vida va a ser más interesante de lo que pueda contarle yo."- Afirmo Alfonse, tomando algo del brebaje. "Ah, ja, ja! No quiere decirme? Bien, lo mío es nacer en una familia ordenada, estudiar y recibirme de dibujante comercial, estudios de mercado, técnico en propaganda visual. Justo lo que me ve haciendo ahora. Y Ud. ?"- Pidió Carol, bebiendo mientras sujetaba la taza con sus dos finas manos. "Bueno, estudie y Salí de la Academia graduado en dibujo artístico, y pintor al oleo. Es lo que he venido haciendo desde entonces, además de mostrar mis obras en algunas exposiciones a nivel nacional"- "Ah, bien! Sus cuadros deben valer lo suficiente como para estar satisfecho, no?"- Pregunto Carol. "Mis gustos son básicos y si, no me quejo."- Dijo Alfonse, sin mencionar que le deberían dar un galvano de premio por ser un asceta. Ella recogió los platos y dijo: "Bueno, ahora sí que debo apurarme! Nos vamos?" "La sigo." "Y adonde vive, para acercarle?" "En el centro, pero puedo tomar el Metro; no se preocupe."- "Ah! En una Estación de Metro, entonces!"- Dijo Carol, y al caminar por el senderillo al auto, tropezó y Alfonse la recibió en sus brazos por un momento. Quiso abrazarla y darle de besos, pero solo quedaron por unos segundos, muy cerca. Ella se sonrojo, y dijo: "Gracias! Casi me caigo! Y si no es por Ud., me habría hecho daño." "Siempre estaré dispuesto a ayudarla! No se preocupe!"- Anuncio Alfonse, diciéndose que la mujer olía muy bien. Ya en viaje, Carol dijo: "Mañana nos reuniremos en el taller. A las nueve. Y de allí traeremos otros cuadros." "A las nueve."- Asintió Alfonse, y al bajarse, ella le despidió con un gesto de su mano. Alfonse llegó a su cuarto pasada la medianoche y después de haber cenado en un restaurante económico. Soñó con la bella Carol. Al amanecer se dio un baño y se cambió de ropa para luego comprar un buñuelo en un tenderete. Llegó al taller a las 7.50 horas y barrió la sala, ordenó de nuevo los cuadros y vio llegar al carpintero a las 8 horas. Buenos días maestro!"- le dijo Alfonse viéndole depositar su caja de herramientas en el suelo. "Aquí estamos, y ¿le pagaron ya?" - preguntó ese hombre. "Aún nada, pero se están llevando los cuadros de a poco y me llevan a otro lado para ayudar. No sé cómo va a terminar esto, respondió Alfonse. "De terminar va a terminar!" - Sonrió ese sujeto y sentóse en el suelo. A las 8.20 horas llegó Carol Vicuña sonriente. "Ah, ya llegó! Hola maestro, usted fue quien hizo los bastidores, ¿no? - Preguntó ella, pero miraba más a Alfonse, quién se paraba muy erguido, vestido con su mejor ropa. Página 10. "Sí señora, pero quisiera saber si van a necesitar más bastidores, porque yo estoy trabajando en otro lugar y me van a echar de menos,." - Dijo el carpintero. "Ah, no sé, ¿qué me dice usted, Alfonse? - Preguntó la mujer, quien ahora vestía una falda corta y una chaquetilla con flecos, además de blusa y zapatillas verde claro. " Quizás podría pintar otros 10 cuadros más, así usted tendría para elegir en un rango mayor." - Avisó Alfonse, para ayudar y ayudarse. "Claro, buena idea, haga esos 10 bastidores extras." - Decidió Carol y eligió otros tres cuadros del lote de 17, quedando así sólo 14 para después. El carpintero tomó dos y Alfonse el siguiente y lo dejaron dentro del van. Subieron Carol y Alfonse al vehículo y al partir Alfonse vio al carpintero haciendo el gesto del pulgar arriba, lo que le motivó una sonrisa. " ¿Y por qué sonríe? ¿Algo que yo dije?" - Preguntó Carol mirándole. " Por supuesto que no, es sólo que es muy distinto viajar solo que también acompañado." - Avisó Alfonse mirándola. Ella se sonrojó diciendo: "Parece que está usted muy solo, ¿no tiene esposa prometida?" " Soltero y no: por ahora, no tengo vínculos con nadie y creo que nunca los tendré,." - Replicó Alfonse. " ¿Pero cómo usted un hombre joven, y solo?" - Insistió ella. " Así es, mis padres ya no viven y no tengo hermanos, vivo solo en mi taller, allí pinto y tengo una buena vista de los edificios de la ciudad." Aseveró Alfonse y esto pareció alegrar a Carol, quien se puso de muy buen humor. Al caminar hacia la casa por ese sendero Alfonse la tomó del brazo diciendo: "La acompañaré, no se me vaya a tropezar." Carol sonrió diciendo: "Gracias." Alfonse acarreó las pinturas a la sala y comenzaron a elaborar. A mediodía ella dijo: " Almorzaré aquí, pues pediré algo de comer, ¿y usted? " " Oh, buscaré algo por los alrededores.-" Respondió él. " No hallará nada en varias cuadras a la redonda, dígame qué quiere de comer y lo pediré." " Comeré lo que usted pida." " ¿Cómo? Creo que no le va a gustar, soy vegetariana!" - Rió ella mirándole. " Yo me volveré vegetariano, al menos por ahora!" - Dijo Alfonse y ella volvió a reír y pidió ese encargo por teléfono. Página 11.- Cuando llegó el encargo de comida, ella dispuso aquello en los platos y dijo: " En mis estudios se hablaba de los antiguos pintores, pero también de psicología de las masas, ¿cómo influenciarlas para que hicieran lo que uno intentaba conseguir?" " Cierto, el problema del artista es que vive en el mundo de las formas y colores, desdeñando la parte económica. Por eso muchos abandonan la pintura, porque no les produce lo suficiente para subsistir." - Comentó Alfonse mirándola comer unos rábanos picantes. Carol pensó un instante y dijo: " ¿Y a usted cómo le va con el arte?" " El arte es mi vida y mi vida es el arte, siempre hay un modo de seguir con ese plan de vida, ahora haciendo cuadros con temas específicos, digamos que a pedido y mañana podría ser los que dicta la razón propia." - Respondió Alfonse. Ella sonrió y siguió comiendo. A media tarde recibió una llamada telefónica y Carol dijo: "Me llaman para estar en un evento político, tendré que ir." " Bueno, entonces seguiremos mañana?" - Preguntó Alfonse mirándola a los ojos. Ella sacudió la cabeza diciendo: "Es muy relajante estar aquí, ¿por qué no me espera? Creo que será cuestión de pocas horas." " Bien, me quedaré, quizás adelante algo por mi cuenta." " Claro, y lo revisaremos a la vuelta." - - Sonrió ella yéndose. Alfonse trabajó creativamente hasta las 23 horas y se fue a su cuarto sin que Carol hubiera regresado y lo comprendía, era la esposa de un político ocupado en su campaña. Página 12. En la mañana del día siguiente, Alfonse recibió una llamada telefónica de Carol quien decía: "Buenos días Alfonse, ¿cómo está usted?" " Carol, buenos días, he avanzado en este trabajo y la estoy esperando para hacer cualquier modificación que usted estime conveniente, y sí, estoy bien y espero que usted también." " Ah, je, je, gracias, no podré ir hoy y quizás tampoco mañana, pero le pido que siga sin mí hasta mi regreso, continúe como si yo estuviera allí." " Imposible igual, pero haré lo posible sin mi musa." " ¿Qué? Oh, claro, bien, nos estaremos viendo." - Dijo ella con voz alegre. " Eso espero, adiós!" - Respondió Alfonse y colgó lleno de energías, ahora podría dar lustre a su labor y a la par que poner las frases de campaña de Juan Armando Cavieres. Se fue al taller y eligió cinco cuadros y en un taxi viajó a la casa de trabajo de Carol y trabajó en ellos dos días seguidos. De comida se sirvió lo poco que había en los estantes y acabó con ese tarro de café para poder estar bien despierto en las noches. Al quinto día se fue a su pieza caminando en la noche con una canción en su corazón, pues había concluido todo el trabajo. Tras dormir 15 horas seguidas tomó una ducha y luego el último sobre de té dentro de una taza de agua caliente. Sonrió pensando en la cara de Carol ante todo el trabajo ya hecho. De seguro se alegraría excepto de que no le gustaran aquellas pequeñas pero importantes innovaciones que había hecho. Un rato después salió a la calle. Era un día luminoso pero nublado. Página 13. En el taller quedaban dos cuadros y diez bastidores para ponerles la tela. Se dijo que pondría telas a esos diez y después seguiría con el trabajo de Carol. También debería pintar así es que la labor no era poca. Ese día estiró telas y clavó hasta las 18 horas. Miraba su celular de vez en cuando pero no recibía mensajes de Carol. Este era el sexto día en que Carol no le contestaba. Así es que se decidió a llamarla. "¿Aló, Carol?" - Preguntó cuando sintió el ruido del teléfono de ella contestando. " Sí." - Respondió Carol con voz somnolienta. " Soy Alfonse. Llamaba para saber de ti. ¿Te pasó algo? Porque llevamos seis días sin hablar." - Preguntó Alfonse. " Ah, Alfonse. Claro. Es que estoy ahora en New York. Mi esposo tuvo que venir y me trajo. Acá son las 18 horas. ¿Y allá?" " Las 18." " ¿Y cómo va nuestro trabajo?" " Muy bien. Llevo cinco cuadros trabajados. Espero tu llegada para la revisión." " Ah, qué bien. Magnífico. Yo creo que estaré acá unos días más pero te avisaré cuando vuelva y seguiremos." - Dijo ella. "Eso espero. Eso sería todo. Que lo pase bien." Se despidió Alfonse. " Sí. Chau." - Dijo Carol terminando la llamada. Alfonse ubicó al capataz diciéndole: " Llevo una semana laburando que no me han pagado y ya estoy sin dinero. ¿Puede usted conseguirme un anticipo?" Página 14. El capataz le miró de arriba abajo y le vio más delgado y pálido. " No puedo dar dinero? No tengo esa facultad pero le puedo prestar de mi bolsillo ya que el patrón anda lejos." " Se lo agradecería." " Claro. Aquí tiene 30 mil pesos. Trate de devolvérmelos apenas pueda." " Así lo haré. Gracias." - Dijo Alfonse y esta vez se decidió a no comer en restaurante sino que sándwiches en la calle. Lo que hizo además fue comprar un tarro de café grande y azúcar. Al llegar al taller vio que habían amontonado cuadros y bastidores en un rincón. A los tres maestros les dijo. -" ¿Y qué pasa aquí? Este es mi lugar de trabajo." " Lo siento amigo." - Dijo uno de los trabajadores. -" El capataz nos pidió empapelar esta pieza y sería bueno que sacara todo lo suyo para que no se manche." " Entendido." - Dijo Alfonse y se fue a pedir al capataz un vehículo para llevarse todo a la casa-taller de Carol. Este accedió diciendo: " Supongo que ya no volverá al taller porque según los planos será para otra actividad." " Por supuesto que sé que lo mío es provisorio." - Respondió Alfonse sintiéndose pequeño. Al llegar a la casa-taller de Carol en la camioneta el chofer le ayudó a bajar las cargas y dijo : "Linda casa. Quizás cuántas tiene don Juan." " No tengo idea compañero." - Replicó Alfonse pensando en que alguna gente quiere saberlo todo de sus patrones, con ninguna proyección en sus propias vidas. Página 15. Ordenó todo y tomó café con un pan que comprar anteriormente. Caminó luego a la parte posterior de la casa que poseía un cuidado jardín con pocas plantas. Se fijó que algunas estaban secándose por falta de agua y las recogió con la manguera de jardín y mucha agua. Estaba en eso cuando escuchó ruidos dentro de la casa y vio a Carol observando los cuadros. "Bienvenida. Qué bien que has llegado." Dijo Alfonse sonriendo. Ella le miró un momento y dijo: "Ah, estás aquí. Creí que no había nadie." " ¿Y cómo fue el viaje?"- Preguntó Alfonse. " Muchas reuniones con extranjeros pero yo me quedaba en el hotel. Mucho negro pedigüeño en las calles. Gente viviendo en las veredas. Mucha drogadicción." - Opinó ella suspirando. " Los cuadros te echaron mucho de menos." - Dijo Alfonse, mirándola. Se veía algo entristecida. Página 16. " Tengo un café muy bueno. ¿Quieres probarlo?" - Preguntó Alfonse. "Bueno." - Dijo Carol yendo a mirar el patio trasero, húmedo tras el riego. Cuando Alfonse la fue a buscar para el café la vio cruzada de brazos y con lágrimas en sus mejillas. " ¿Pero qué pasó linda? ¿Por qué esas lágrimas?" - Preguntó Alfonse tomándola de los hombros. Ella se abrazó a él y lloró fuertemente. Él le pasaba la mano por la espalda y con la otra la apretaba débilmente hacia él sintiendo expandirse y reducirse ese pecho. " Él prefirió quedarse en su gira por los estados. Yo le pedí a volver y él me dijo que si quería, volviera sola." Dijo ella. " Desahógate amiga. Estás en confianza." - Aclaró Alfonse enternecido ya que sabía cómo funciona la mente femenina que necesita en quien apoyarse. Carol contó de ese viaje en que ella sólo aparecía para las fotos y luego a un sillón solitario a esperar que terminara la reunión y para el hotel en que Juan Armando se aferraba al teléfono para pedir nuevas reuniones de las cuales flotaba dinero muy necesario para los gastos de campaña que al parecer eran insaciables. Tras un rato ella se apartó diciendo: " Qué vas a pensar de mí ahora? Como la esposa desechada?" " Pienso en ti como la persona maravillosa que siempre eres y te agradezco tu confianza. Cuenta conmigo para lo que necesites." - Afirmó Alfonse. " Oh gracias. Está oloroso este café." - Dijo ella sorbiendo de la taza. Página 17. " Así es! Arriba ese ánimo!" - Dijo Alfonse, tomándola de una mano. Ella puso la otra sobre la de él diciendo: " Tú me haces bien pero te noto algo más delgado. ¿Estás enfermo?" " No, sólo que debí pedir prestado para seguir comiendo." - Repuso Alfonse. Ella abrió sus ojos algo sorprendida y dijo: " ¿Qué? ¿Es que Juan no te ha pagado?" " Me dio un anticipo hace varias semanas pero se fue en pagar deudas atrasadas y comer." - Afirmó él. Carol meditó un momento y dijo: "Yo te pagaré. Total tengo como hacerlo y tú me estás ayudando ahora." - Y sacando su celular pidió datos y le hizo una transferencia de 300 mil pesos. " Gracias ahora podré pagarle al capataz!" - Dijo Alfonse, viendo en su celular cómo se había ingresado ese monto a su cuenta bancaria. Tras ello Carol revisó lo hecho por Alfonse y modificaron algunas tomas. " Ay ya me duelen los ojos. Creo que me iré a la cama ahora. El viaje desde Nueva York fue aburrido y cansador!" - Opinó ella. " Entiendo; si quieres nos vamos juntos." - Pidió Alfonse. "Claro que sí, pero ahora te iré a dejar a tu domicilio.!" - Opinó Carol, agradecida del apoyo antes mencionado. Alfonse le dio la dirección y antes de llegar dijo: "Quizás quieras ver algunos cuadros que allí tengo." Página 18. "No sé... Seguro que no hay problemas?" - ¨Preguntó Carol. " Como cuáles?" " Una amiga tuya, alguien." " Nadie. No llevo a nadie allí. Ni hombres ni mujeres".- " Y a mí sí ?"- " Es que tú eres especial." " Ah vaya!" - Rió ella alegremente. Ya estaba en su mente apoyarse en ese hombre. Dejando el automóvil aparcado en el lugar privativo del edificio llegaron al piso de Alfonse a bordo de un amplio y antiguo ascensor pintado de un color celeste que recordaba viejas cunas de bebé y tras usar su llave entraron al lugar de Alfonse quien tenía todo ordenado y con ventana abierta con lo cual el olor a flores de Ceibo parecían entrar en la mente y endulzar la vida entera. "Ah que hermosa pieza de soltero. Veo que tienes una vista preciosa." - Pronuncio ella. " Es lo mejor de aquí. ¿Cómo? Tus cuadros son lo mejor. Mira esos. Oh eres un verdadero artista!" - Se entusiasmó ella y en ese arrebato olvidó quién era con quien estaba casada y se arrojó en brazos de Alfonse quien devolvió beso a beso caricia a caricia y terminaron compartiéndole cama. Dos horas después ella bailó girando por la pieza y tras cantar un poco dijo: "Años que no me sentía así de feliz!"- Página 19.- Alfonse encendió su pequeña radio y bailaron entre risas luego se acostaron y allí se quedaron hasta el día siguiente. "Vamos al taller, amor?" - Preguntó Carol, abrazada al pecho de Alfonse. "Por supuesto: pero primero el beso!" - Dijo Alfonse encendiendo en ella la hoguera de la cual estaba casi olvidada. Ya en la casa taller, Carol eligió tres de sus versiones comerciales y dijo: "Me pondré en contacto con la empresa que ejecuta Jingles a pedido. Ellos le pondrán la música y el rostro de Juan además de quizás varios jóvenes bailando. ¿Qué te parece?" " Genial; creo que todo saldrá muy bien bajo tu supervisión!" - Opinó Alfonse. " Gracias por tu confianza en mí!" - Dijo ella, sonriente y Alfonse la besó por un momento. Ella quedó sonrojada y dijo: "Tú me llevas lejos del trabajo, amor!" - " Y yo voy contigo!" - Aseveró Alfonse sin soltarla. Ese cuerpo de mujer ya era suyo y pensaba disfrutar por todo el más tiempo que pudiera, sabedor que una mujer se entrega totalmente al principio duda en el medio y abandona al final. Tiempo de flores y encanto no más de seis meses y no menos de tres. Ahora el trabajo fue más complejo ya que debían estar en oficinas y salas de fotografías en que se procesaba todo usando siempre las pinturas de Alfonse. Al finalizar las labores Carol se iba a su casa pero a las 21 horas salía a reunirse con Alfonse y compartían en boîtes y lugares románticos hasta las 02 horas en que se iban al piso de Alfonse en donde se acariciaban hasta dormir. 19. Las filmaciones comenzaron a difundirse por televisión apoyando a Juan Armando Cavieres. Ya a mitad de campaña oficial llegó Juan Armando Cavieres mostrándose en reuniones, besando niños, ayudando a pobres y prometiendo todo lo que estaba en la lista de peticiones y necesidades del pueblo. Con la llegada del político a la ciudad, Carol aprovechó estar ayudando en la producción de los spots publicitarios para decirle a Alfonse: " Juan Armando llegó anoche pero pasó su periodo de dormir en Valparaíso y desde allí me avisó su llegada, pero yo estaba contigo y no vi el mensaje hasta hoy." " Espero que no haya sospechado de ti!"- Exclamo Alfonse. "Nada! Porque le dije que estuve en casa de una amiga y él no averigua detalles: pero no vamos a poder dormir juntos como antes, excepto que salga de gira." - Explicó Carol. " No eso sería fatal! Los nuevos encargados del aseo y mantención de la casa posiblemente hablarían! Fueron contratados por él y sería peligroso." "No quieres vivir conmigo, dejarle y ser feliz?"- Pregunto Alfonse, guardándose el importante detalle que era pobre y con su actual labor, lo seguiría siendo. " Claro! Pero un escándalo matrimonial ahora sería fatal para su campaña; esperemos a que esto pase sea que gane o pierda la elección, me iré contigo!" - Le aseguró Carol y no le abrazó pues estaban conversando en una oficina encristalada y otras personas deambulaban cerca.- página 20.- " Y si él..."- Comenzó a preguntar Alfonse, pero ella creyó saber el resto de la pregunta y dijo: "Me rehusaría a tener contactos físicos con él! Ahora tú eres mi amor!" " Y tú el mío!" - Dijo Alfonse, mirándola fijamente. Carol suspiró, diciendo: " Dentro de veintidós días será la elección; luego me iré contigo." Alfonse tenía certeza de que así sería pues ya ella lo había arriesgado todo y parecía estar totalmente entregada a él. Las vicisitudes de la campaña se sucedían una tras otra: acusaciones en contra del político por declaraciones antiguas, problemas financieros no muy aclarados en que se le quería involucrar, quema de dos sedes políticas, mítines interrumpidos por activistas de los competidores, hasta que llegó el gran día, el de la votación. "Hoy sabremos si es elegido o no, pero eso no cambiará nada entre tú y yo!" - Le dijo Carol mientras se reunían por algunas horas en la casa taller de la mujer. "Ven acá, reina mía!" - Dijo Alfonso y la amó por varias horas. Por el televisor comenzó el programa que mostraba el contenido de votos y Carol dijo: "Debo irme y mostrarme, querido! Nos veremos pronto!" - Y subiendo a su vehículo salió del sector. Alfonse se había comprado una motocicleta y en ella se dirigió a su cuarto, en donde ahora tenía su propio aparato de televisión: vio los conteos y a pesar de los avances de la parte contraria que enarbolaba la figura de una mujer, Juan Armando Cavieres salió electo de presidente de la nación. " Bien por él!"- Dijo Alfonse y salió a la calle a ver a los eufóricos simpatizantes del político que festejaban la ilusión de que sus mayores problemas acabarían pronto. En algunos bares tenían la televisión mostrando al recién elegido saludando con su esposa a su lado, la cual parecía alegre. Al día siguiente, Alfonse fue a casa de Juan Armando en donde aún se celebraba el magno triunfo. Vio pasar al elegido rodeado de muchos adherentes, pero no a Carol; tuvo un presentimiento y viajó en su motocicleta hasta la casa del taller en donde la halló sentada y mirando las plantas del patio trasero. " Carol!" - Dijo Alfonse, acercándose. Ella se puso de pie y le abrazó, llorando. " Mi amor, qué le pasa?" - Preguntó Alfonse, intrigado. " Ya soy tuya! Anoche le conté lo nuestro y se lo tomó tranquilamente; creo que siempre quiso más a su carrera que a mí!" - Dijo Carol Vicuña. " Que bien! Seremos muy felices!"- Dijo Alfonse, aunque aquello no iba a ser tan fácil, sobre todo que con su arte apenas tenía para sobrevivir. "Cierto, mi amor? Oh, soy tan feliz a tu lado!"- Dijo ella, llenándole el rostro de besos. En los días que siguieron, los abogados del recién elegido Presidente la citaron para pedirle que firmara un contrato de confidencialidad. Allí ella debía comprometerse a no dar entrevistas, a no comportarse de manera indecorosa y a mantener bajo perfil público. "Quiero el divorcio!"- Exigió Carol, y aunque con esos abogados no lo consiguió, a los pocos días el mismo Juan Armando firmaba los papeles del divorcio, otorgándole varios millones de pesos por compensación económica. La casa del taller ya estaba a nombre de Carol, como también su automóvil. Carol acepto, firmo y recibió el dinero en menos de un mes. "Soy totalmente libre, para ti!"- Dijo Carol, al mostrar esos documentos legales al asombrado Alfonse, quien estaba acostumbrado a leer noticias de divorcios con muchas desavenencias y acusaciones mutuas. Alfonse llevo sus pertenencias a la casa de Carol, quien dijo: "Podrás pintar mirando al jardín interior y yo posare para ti!" " Tu eres mi adorable Musa!"- Le aseguro Alfonse, abrazándola y besando esos labios ardientes. Si bien los millones de pesos recibidos por Carol les daba seguridad, esta no continuaría por muchos años. Por ello, Alfonse abrió su propia pinacoteca, en la cual dejo de encartada a marine, la dama que había ayudado a preparar los bastidores en esa campaña política. "Gracias, señor! Estaba sin trabajo y con este sueldo ceo que estaré muy bien!"- Decía ella, mirando el local, que tenia cuadros en los muros, otros en atriles, bajo una atmosfera cálida de lámparas colgando del techo. Alfonse le paso un cartapacio en que se detallaba cada cuadro y su precio. "Lea algunos libros de Arte, Sra. Marina. Hay varios sobre su escritorio! Estoy seguro de que Usted saldrá siendo una buena vendedora de arte!" "Ay, don Alfonse! Me pone nerviosa ser algo ignorante al respecto!"-- Dijo Marina, mirando en rededor. " No le importe eso! Generalmente los que entren también lo serán!"- Y ambos rieron al oír tal verdad. Los cuadros de la propaganda del político llegaron a engrosar el numero expuesto, y Alfonse puso precios tras indagar en otras pinacotecas valores de pinturas semejantes. 22. Carol se empleo en una Agencia de Publicidad, percibiendo un buen sueldo: laboraba por cuatro horas en las tardes, y siempre al salir de allí, le esperaba Alfonse cerca de su motocicleta., en que volvían al hogar alegremente. Tras un año del gobierno de Juan Armando Cavieres, el país había tenido pequeños aumentos en la calidad de vida, pero en general se mostraba muy parecido a lo que había habido en el nefasto gobierno socialista anterior. El pueblo había querido menos sinvergüencerías y mucha había sido erradicada, aunque ni con eso el país había prosperado. Seguía igual en materia económica: un gobierno endeudando al país pidiendo más dinero prestado, un gobierno con miles de burócratas con buenos sueldos de por vida, Embajadas en todos los países del planeta Tierra: unas útiles y otras de nombre solamente, con personal bien remunerado y viajando en aviones como representantes de un país chico y sin necesidad de ellos. Ambos, Carol y Alfonse, ya batallando con la vida y acabada ya la época romántica. El velo rosado caído al suelo y el viento de los siglos silbándoles en los oídos. Fue entonces que Juan Armando Cavieres les llamo a ambos a una reunión en una de sus casas para conversar. "Y que querrá este hombre? Recuperarte?"- Pregunto Alfonse, mirando la misiva. "Crees tú? Ya quedo claro de mi parte que tu eres mi hombre . Yo no cambio de opinión!"- Dijo Carol. 23. Decidieron asistir, y fue así como ambos llegaron, en taxi, a la dirección indicada: la casa estaba resguardada por la Policía de un modo discreto, pero al llegar al antejardín les pidieron sus carnets de identificación y les acompañaron al interior. Allí un mayordomo , que también era policía, les condujo al salón , el cual tenía dos sofás enfrente uno de otro y con una mesa baja de por medio. Todo dispuesto sobre una gruesa alfombra en verde y naranja pálidos. A los pocos minutos entro Juan Armando Cavieres, vestido con pantalones oscuros y anta morada. Les vio y dijo: "Saludos! Desean algo de beber?" "Yo no, gracias." Respondió Carol, muy seria. Le había parecido esta invitación algo impuesto, debido al rango que poseía Juan Armando en el país. Alfonse tampoco quiso nada. "Entonces, les diré de inmediato la razón de mi invitación. Necesito a personas conocidas en un puesto clave de mi Administración. Gente que guardara secretos de por vida, y pensé en ti, Carol, que siempre demostraste reserva a todo trance sobre cosas que se te pidió callar. Con respecto a Alfonse, no le conozco excepto de haberle visto un par de breves ocasiones, pero estando contigo, Carol, se que podrás asegurarte de su discreción." Carol estuvo a punto de decir que ella no mandaba en Alfonse, ni en nadie, pero prefirió callar aquello, para que el político terminara con su misterio y por tanto dijo: "Cierto. Y que quieres de nosotros? Porque si son puestos en tu gobierno, pronto podría serte perjudicial, cuando logren averiguar que somos en tu vida." Aviso Carol, con mirada dura. "Es un trabajo de gobierno, pero lejano y discreto. Es en la Embajada de Birmania."- Dijo Juan Armando, mirándoles para ver sus reacciones. Alfonse no mostro emoción alguna, pues para el este asunto era debido a Carol. Ella rio, diciendo: "Birmania, y que iríamos nosotros a hacer allá?" Juan Armando camino hasta la estantería de licores, se sirvió un whisky y sentándose en el sofá opuesto y tras un sorbo del licor, dijo: "Hay allá una persona que hallo un objeto de apariencia sin importancia, pero que me ayudaría mucho a mi en las presentes circunstancias. Uds. Irían allá como enviados del gobierno con una misión comercial, pero la realidad es que tomaran lo que ese hombre les entregue y me lo traen a esta misma casa. Aduanas no es revisara ya que serán empleados del gobierno muy especiales. Me lo traen y les pagare muy bien." Carol pensó en su trabajo actual, y dijo: "Estoy trabajando en una Agencia de Publicidad. Si pido permiso, seguro de que pierdo el puesto."- Alfonse pensó en que debía decir algo, por lo que hablo: "Yo tengo una Pinacoteca, tendría que cerrarla y al egreso empezar de nuevo consiguiendo clientes." Juan Armando junto las yemas de sus dedos y dijo: "Entiendo bien, o el problema de Uds. Es monetario? Si voy entendiendo bien, el asunto puede resolverse: les contrato con el escalafón mas alto para empleados de gobierno! Duración indefinida, lo cual significara que nadie los removerá al menos por el tiempo que me queda de Presidente." Carol miro a Alfonse, y dijo: "No se darte una respuesta ahora. Dame unos días para decidir: debo consultarlo con Alfonse en privado." "Por supuesto! S i no van Uds., buscare a otras personas, pero ya será más inseguro." Y diciendo esto, se bebió el resto del licor de su vaso. Carol le miro, diciendo. "Bien! Ya nos vamos! Te llamaremos para darte la respuesta." "Claro. Ese es mi numero seguro."- Dijo Juan Armando, entregándole una tarjeta de color azul. Al salir, el policía de civil les dijo: 2Hay un automóvil a vuestra disposición, para el regreso." "Lo usaremos."- Dijo Carol, al ver que Alfonse asentía con movimiento de su cabeza. 24. En un Restaurante , ya que allí se bajaron de ese automóvil fiscal- conversaron bebiéndose un Capuchino y galletas "Lenguas de Gato". " Es una oferta corta y entretenida. Nos llevara, a lo mas, un mes de tiempo, siempre que nos entreguen el objeto pronto." - Dijo Alfonse, mirando ese rostro de Carol, de líneas claras, sin una arruga , de ojos profundos. Creía, en ese momento, hallarse con la mujer ideal. Y ella dijo, con su voz de tonos suaves: "No has pensado en que, si aceptamos, nos pedirán que firmemos aquello que me negué a firmar? El contrato de Confidialidad? Quedaremos sujetos a castigos en dinero, y quizás que más! Quedaremos bajo él, y sin honor! Aunque ahora mi vida no es de banquetes y viajes al extranjero, prefiero esto que ser pagados por quien no deberíamos ni escuchar." El honor de Carol sorprendió bastante a Alfonse, y comprendiendo el abismo entre ella y él en este aspecto, dijo: "Tienes toda la razón.. Olvidemos el asunto." Al día siguiente, Alfonse llamo al teléfono privado del Presidente, y dijo: "Hemos meditado la oferta y la rechazamos." Tras un silencio, Juan Armando dijo: "Esta bien,. Es vuestra decisión. Adiós." Como Alfonse había puesto el celular en alta voz, Carol también había oído aquella parca comunicación, y asintió con un movimiento de su cabeza, y tomando a Alfonse de la mano, dijo: "Ven, ayúdame en la cocina: hare un queque."



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